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Pau Gasol. Veinte años del nacimiento de un mito

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Sucedió el 18 de marzo de 2001 en el Palacio de Deportes José Martín Carpena de Málaga. Se enfrentaban FC Barcelona y Real Madrid en la final de la Copa del Rey de Baloncesto. De una parte, Sergio Scariolo dirigía un potente combinado en el que sobresalían los excelentes Djordjevic, Herreros y López. En el otro lado, Aíto García Reneses contaba con una temible línea de triplistas con Hawkins, Jasikevicius y Karnisovas.

Después de una primera parte en la que los blancos habían aguado la artillería contraria con una férrea defensa en zona, la victoria final caería finalmente del lado azulgrana por un ajustado 80-77, gracias en mucha parte a un joven delgado y alto, muy alto, que con 25 puntos (5/6 de dos, 1/2 triples y 12/14 tiros libres), 6 rebotes, 3 asistencias, 3 recuperaciones y un tapón terminaría llevándose el MVP de la final: Pau Gasol.

El nacimiento de un mito

Fue el nacimiento de un mito. Europa entera y buena parte de los ojeadores de la NBA habían descubierto el talento, la madurez y la competitividad de un 2,15 de apenas 20 años que jugaba con un descaro inusual tanto dentro como fuera de la zona. Un Scariolo compungido diría nada más finalizar el partido: «Lo hemos intentado todo para frenarle, con una zona, con una mixta, con distintos hombres sobre él. Pero no ha habido manera.

Desde los tiempos de Drazen Petrovic el baloncesto europeo no había tenido un jugador de estas características, capaz de hacer tantas cosas en una final».

«Lo hemos intentado todo para frenarle, con una zona, con una mixta, con distintos hombres sobre él. Pero no ha habido manera». Sergio Scariolo

El de Sant Boi de Llobregat había debutado con el primer equipo la temporada anterior sin apenas llamar la atención. Jugó poco. Nadie pareció reparar demasiado en él. García Reneses, sí. Sabía que lo que tenía entre manos. Lo cuidó y lo dosificó. Lo trató con mimo, consciente de que tenía a sus órdenes una perla de esas que crecen muy de vez en cuando. Gasol fue sumando minutos y ganándose la confianza de técnicos y compañeros.

Aunque tenía al ex NBA Rony Seikaly por delante jugando en su misma posición. Y eso no era una barrera fácil de superar. Pero el estadounidense de origen libanés siempre fue un conflicto allá donde estuvo y en Barcelona no fue menos.

Constantes desacuerdos con el club provocaron su salida por la puerta de atrás y la oportunidad de oro para que el joven catalán se asentara en el primer equipo, al lado de los Jasikevicius, Karnisovas, Dueñas y su amigo Juan Carlos Navarro. Un bloque que, semanas más tarde de la victoria en la final de Málaga, se llevaría también la Liga ACB.

 

El mito del Baloncesto

El salto a la NBA

Los aficionados culés se fregaban las manos. El futuro de la sección ilusionaba más que nunca. Con Gasol en cancha, se podía aspirar a todo. En España y en Europa. Pero pronto tuvieron que darse un baño de realidad. La NBA habían puesto su foco en la estrella emergente, y el 27 de junio de 2001, en Nueva York, Pau Gasol era seleccionado por Atlanta Haws en tercera posición del Draft, convirtiéndose en el primer jugador no formado en Estados Unidos en llegar a una posición tal alta (casualmente, la misma que había obtenido diecisiete años antes un tal Michael Jordan).

Con los trueques habituales de la NBA, Gasol acabaría fichando por los Memphis Grizzlies, uno de los conjuntos más modestos de la competición. Junto a ellos creció, con ellos aprendió. Se hartó de bregar con los más fuertes en la mejor liga del mundo. No fueron temporadas fáciles.

Pero nunca bajó los brazos. Siguió compitiendo como si no existiera un mañana, partiéndose la cara cada vez que saltaba al parquet. Hasta que un día, allá por 2007, Phil Jackson, entrenador de Los Angeles Lakers, le llamó. Lo necesitaba. Era la pieza que les faltaba a los angelinos para volver a lo mas alto. Y no se equivocaba. Con el catalán como uno de los puntales, el equipo liderado por el llorado Kobe Bryant, se alzó, de forma consecutiva, con dos campeonatos de la NBA.

Han pasado veinte años desde la final de Málaga. A todos los jugadores que la disputaron les llegó antes o después el momento de la retirada. Menos a uno.

Pau Gasol, cerca de cumplir los 41 años, sigue entrenando fuerte para recuperarse de una fastidiosa lesión que le permita competir en los Juegos Olímpicos de este próximo verano, los quintos para él. Una buena forma de despedir al mejor jugador español de baloncesto que ha alumbrado España. Y quizás Europa.